Podría hacerte caso y olvidarme de las ganas que tengo de ser algo más que tu amigo, pero me estaría negando a mi mismo, y eso es algo que no voy a hacer.
Podría hacerte caso y resignarme ante el hecho de que lo que siento es poco menos que un imposible, pero eso sería negar al romántico que habita en mi y que cree en los sueños y en luchar porque se hagan realidad, y me niego a ello.
Podría hacerte caso y aceptar que merezco a alguien mejor que tú, pero sería negar lo mejor de ti, negar lo especial que eres, negar la fuerza que brilla en el negro de tus ojos y que llega al fondo de mi alma y eso no me lo permito.
Podría hacerte caso y pensar que las circunstancias están contra lo que quiero y siento, pero estaría admitiendo que no tengo control sobre mi vida, sobre lo que soy, sobre lo que quiero y eso no lo admito, ni lo permito.
Podría hacerte caso y seguir las reglas que el miedo a vivir impone, pero eso equivale a negar al rebelde que habita en mi, y eso nunca ha sido posible para mi…
Podría mentirte y mentirme diciendo que no siento nada por ti, pero eso sería negar que a pesar de la distancia, a pesar de tú silencio, de tu ausencia forzada al extremo, te quiero más de lo que se puede querer a una desconocida, a una amiga, negar que te quiero como solo se puede querer a un a mujer, como solo tú te lo mereces, y eso ni en mis sueños he podido hacerlo…