La casa del Mercuriano

May 18, 2006

Palabras

Filed under: Personal, Escritos

Ausente. Así estas. Escondida detrás de un cáustico silencio, de gélida distancia, mostrándome fragmentos sueltos de tu belleza interior. Esa que se asoma por tus ojos a pesar de tú empeño en ocultarla. Esa que tomo prisionera mi alma antes de que la belleza de tu cuerpo hiciera lo mismo con el mío.

Contradicción. Es la única constante en nuestra relación, si es que se le puede llamar de esa manera al lazo que nos une. Un lazo creado más por mí, por la fuerza de mi deseo que por cualquier otra cosa. Muchas veces dando la impresión de estar a punto de romperse, otras, menos de las que quisiera, mostrándose más fuerte de lo que en realidad es.

Alegría. No intensa, ni permanente, pero si evidente. Breve. Producto de la certeza de haberte robado una sonrisa. De la seguridad de haberte ayudado a tener un mejor día. Certeza y seguridad dadas por ti misma. Es todo lo que he obtenido de ti.

Supervivencia. A ella apela mi inteligencia. Hay demasiada racionalidad en mi como para entender el cercano vacío que a la fuerza quieres construir entre tu alma y la mía. Quiero, o debo decir, quiere sobrevivir. Para ello necesita alejarse de ti por completo, romper cualquier lazo contigo, romper el hechizo que tus ojos han hecho sobre ella. Pero NO.

Intensidad
. Es lo que reclama mi alma. Es lo que tu mirada me ofrece. Sin certezas, sin seguridades. Eso es vida. Es lo que quiero vivir. Masoquismo, tal vez. Pero solo a ese ritmo tiene algo de sentido la vida. Solo así vale la pena vivir. Solo así quiero estar cerca de ti.






















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