Duraznos
Una peligrosa adicción a los duraznos fue una de las muchas cosas buenas que me quedaron del tiempo que compartimos. Duraznos en cualquier presentación. En mermelada que me recuerda lo empalagosa que solías ser en ocasiones. Al natural con su piel de terciopelo que me recuerda las excursiones por tu cuerpo decubriendo los secretos de tu piel en medio del frenesí del primer amor. Cada vez que tengo uno en mis manos todo un mundo de recuerdos me invade y una sonrisa se dibuja en mi rostro cuando mi loca imaginación se da a la tarea de reconstruir esos recuerdos y armar nuevas fantasias en las que me pierdo entre las curvaturas de tu cuerpo y el bamboleo de tus caderas al que siempre ha resultado dificil resistirse.
Pero ya no hay regreso. El destino o mi inmadurez, o ambos quisieron llevarnos por otro camino y ahora solo somos amigos, de los buenos, de los entrañables, pero eso no quita que de vez en cuando siga siendo victima de mi obsesión por los duraznos y del placer de recordarte, de recordarnos en aquellos momentos de dulce locura.
Por todo lo vivido y lo actual gracias…
