Ajedrez
Cual maestra ajedrecista posicionaste tus piezas dejándome pensar que era yo quien tenía el control y quien ganaba. Pero ya es evidente que no es así. He sido víctima del poder de la reina de tu mirada. Los peones de tus palabras dichas cuando, donde y como menos las esperaba le cerraron los espacios a mi corazón. Tus caballos, el mejor símbolo de tu personalidad indomable me sorprendieron a vanguardia y a retaguardia. Te volviste mi obsesión. Y en la intensidad del deseo de ganarte me perdí, ya no tengo donde jugar, ya no quiero jugar. No me rindo, me entrego. Te entrego mi rey, mi corazón, que no quiso defenderse cuando supo que eras tu quien lo asediaba. Solo espero a que te decidas a terminar de jugar y me hagas tuyo declarando el jaque mate…
