La casa del Mercuriano

December 18, 2008

La Revolución de lo inesperado

Tengo treinta y cinco años y toda mi vida la he vivido en Ciudad Guayana. El devenir de las industrias básicas (Sidor, las del sector aluminio, Edelca, entre otras) que forman parte de la historia de este pueblo con aspiraciones de ciudad siempre han formado de mi rutina de vida, aunque no trabajo en ninguna de ellas. Una de las cosas de estas industrias que hacen parte de la rutina diaria mía y de los guayaneses es el transporte de personal.

Estos transporte se constituyeron en una referencia temporal para muchas personas. Seis veces al día, tres recogiendo personal y tres trayendolos de regreso, el movimiento de los buses marca una hora aproximada que cualquiera podía usar como referencia para organizar, en cierta medida, su horario. Otro espectáculo impresionante, por lo menos para mi, es la salida de los buses de las diferentes plantas. Filas enormes de buses moviéndose, uno detrás de otro, como en una de esas grandes migraciones naturales, que me permitía tener una idea de la cantidad de hombres y mujeres que trabajan en estos enormes centros industriales.

Quizás lo dicho hasta aquí parezca no tener relación con el título. Pero viene al caso porque esta mal llamada revolución, especialista en trastocar el funcionamiento de todo, y en destruir lo que funciona bien, porque es un recordatorio de su fracaso continuado. Ha conseguido algo que ningún guayanés, en su sano juicio podríasi quiera imaginar. Obligar a muchas de las industrias básicas a dar vacaciones colectivas porque no cuentan con dinero suficiente para mantener sus operaciones. En el menor de los casos es algo sumamente preocupante.

Y aun así, mucha gente este pueblo sin conciencia y sin visión sigue apoyando esta revolución…






















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